6 jul. 2012


So sieht man uns von Europa aus...

Zwischen Hektik und Melancholie

Auf der zehnspurigen Avenida 9 de Julio staut sich der Verkehr. Taxis drängeln sich hupend aus den schmaleren Seitenstraßen in das Chaos, zwischendrin versuchen Fußgänger, die fußballplatzbreite Straße zu überqueren. Ein Nachmittag in Buenos Aires.
Dunkelbraune Holztische, sanfte Tangoklänge, große Kaffeetassen, Zigarettenqualm, am Tresen ein müder Kellner in weißem Jackett. Am Nebentisch beugt sich jemand über ein dickes Buch, in der Ecke spielen zwei Männer Schach, ohne sich von der erregten Diskussion ihrer Nachbarn ablenken zu Lassen. Am Nachmittag in Buenos Aires.

Die argentinische Hauptstadt lässt sich nicht einordnen, in keine Schublade pressen: Sie ist laut und schmutzig, hat aber auch stille, verschwiegene Ecken. Jung-dynamische, handybewehrte Geschäftsleute bekommen plötzlich einen melancholischen Blick, wenn aus einem Musikgeschäft die Stimme Carlos Gardels dringt, und in Kiosken liegen in friedlicher Eintracht Videos über die Weltkarriere von Diego Armando Maradona neben sozialwissenschaftlichen Studien.

Tango

Anfang des 20. Jahrhunderts war die Pariser Boheme begeistert: Aus dem Süden Amerikas kam ein ganz neuer, unerhörter Tanz. Zur lasziven Musik im Zweivierteltakt vollführten die Tänzer einen erotisch angehauchten Balanceakt. Tango (lat.: ich berühre) hieß die neue Musik, und sie stammte aus La Boca, dem Hafenviertel von Buenos Aires.

Der Tango war die Musik der armen Vorstadt. Die rüden Texte im Slang, im Lunfardo, erzählten vom Leben in den Hafenkneipen und Bordellen von La Boca, handelten von Armut und Verlust, von Streiks und enttäuschter Liebe. Als „einen traurigen Gedanken, den man tanzen kann“ beschrieb der Tangodichter Enrique Santos Discépolo die Musik. Nachdem sie in den Salons von Europa Triumphe gefeiert hatten, wurden die Unterschichtklänge geadelt. Zunächst spielte man den Tango auf Flöte, Gitarre und Geige, später kam das Klavier hinzu. Das Bandoneon schließlich, eine Knopfharmonika, die der Krefelder Hans Band (1821-1860) um 1845 erfunden hatte, gab dem Tango seinen unverwechselbaren Klang.
Mit der Zeit mäßigten sich die Tanzschritte und Texte. Musiker wie Carlos Gardel, Ignacio Garsini, Enrique Sanos Discépolo, Rosita Quiroga und Tita Merello waren die Tangokönige der 20er und 30er Jahre. In den 50er Jahren verknüpfte zunächst Astor Piazzola, später auch andere Musiker den Tango mit moderner Klassik, mit Jazz- oder Rockklängen. Heute hört und tanzt de Tango jede und jeder – ob auf der Plaza Dorrego oder in einer der Tangobars.

Günter Wessel in Argentinien von Polyglott.
Fotos:


Así nos ven desde Europa... 

Entre ajetreo y melancolía



El tráfico de los diez carriles de la Avenida 9 de Julio está congestionado. Los taxis tratan de meterse en ese caos a los bocinazos desde las calles laterales más angostas; en medio de todo ello, los peatones tratan de cruzar la calle ancha como un campo de fútbol. Una tarde en Buenos Aires.

Mesas de madera oscura, el suave son de un tango, las grandes tazas de café, el humo de cigarrillo, en el mostrador un mozo cansado con chaqueta blanca. En la mesa de al lado alguien se inclina sobre un libro voluminoso, en el rincón, dos hombres juegan al ajedrez sin permitir que la discusión acalorada de sus vecinos los distraigan. Por la tarde en Buenos Aires.


La capital argentina no es clasificable, no se deja encasillar: es ruidosa y sucia, pero también 
presenta rincones silenciosos, discretos. Comerciantes jóvenes y dinámicos, armados de celulares, cuando desde un negocio de música 
se abre paso la voz de Carlos Gardel, de repente presentan una mirada melancólica, y en los kioscos los videos sobre la carrera mundial de 
Diego Armando Maradona se encuentran en convivencia pacífica con estudios científicos sociales.


Tango

A principios del siglo 20, la bohemia parisina se encontraba muy entusiasmada: Desde Sur de América había llegas una danza muy nueva y escandalosa. Al son de una música sensual al ritmo de dos cuartos, los bailarines realizaban un acto de equilibrio con toque erótico. Es nueva música se llamaba tango (del latón: yo toco) y era originaria de La Boca, un barrio portuario de Buenos Aires.

El tango era la música del suburbio pobre. Los rudos textos en la jerga, en lunfardo, contaban de la vida en los boliches y los prostíbulos portuarios de La Boca, trataban de pobreza y abandono, de huelgas y amores no correspondidos. El poeta tanguero Enrique Santos Discépolo describió esta música como "un pensamiento triste que se baila". Luego de celebrar grandes triunfos en los salones de Europa, los sones de la clase baja pasaron a pertenecer a la aristocracia. En un primer momento, el tango se tocaba con flauta, guitarra y violón, más tarde se agregó el piano. Lo que finalmente le dio al tango su sonido inconfundible fue el bandoneón, un acordeón a botonera creado alrededor de 1845 por Hans Band (1821-1859) de Krefeld.
Con el tiempo se moderaron tanto los pases de baile como los textos. Músicos como Carlos Gardel, Ignacio Garsini, Enrique Sanos Discépolo, Rosita Quiroga y Tita Merello fueron los reyes del tango durante los años 20 y 30. Durante los años 50, en primer lugar Astor Piazzola, más tarde también otros músicos vincularon el tango con la música clásica moderna, con sonidos de jazz o rock. Hoy en día todos y todas escuchan y bailan tango - ya sea en la Plaza Dorrego o en uno de los tango-bares.
Günter Wessel en Argentinien de Polyglott.
Traducción: Ruth Schwittay
Fotos: 

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