20 jun. 2012


Sagen Sie mal, Sara

...den eigenen Mann ins Bett einer Magd zu schicken - dazu gehört eine gehörige Portion Abgeklärtheit. Sie haben Ihren eigenen Mann zum Ehebruch aufgefordert!

Sara: Hören Sie mir auf mit Ihrer christlichen monogamen Moral. Es ging nicht um die Erfüllung sexueller Gelüste, sondern um die Erfüllung eines Kinderwunsches - nicht um Lust, sondern um Zeugung! Abraham sollte Nachkommen haben. Und da ich sie ihm nicht schenken konnte, war das die einzige Möglichkeit.

Das hört sich - wie soll ich sagen? - sehr leidenschaftslos an. Meinen Sie nicht, Ihr Mann Abraham hatte eine glühende Wüstennacht? Hagar war schließlich bedeutend jünger als Sie...

Sara: Was erlauben Sie sich? Abraham hat mich geliebt, nur mich! Nichts und niemand konnten zwischen uns kommen und uns auseinander treiben!

Ihre Magd Hagar hat's dennoch versucht, nachdem Ihr Mann sie geschwängert hatte!

Sara: Das war ihr Fehler. Sie hat dafür gebüßt. Das Mädel hat da einiges verwechselt. Nur weil sie Abraham kurze Zeit sehr nahe kam, nahm sie sich mir gegenüber Sachen raus, die nicht richtig waren. Ich musste ihr zeigen, wer die Herrin ist. 

Bevor es dazu kam, floh sie in die Wüste.

Sara: Das hat mich noch mehr auf die Palme gebracht. Schließlich trug sie das Kind meines Mannes in sich! Eine unverantwortliche Person. Ich habe mich sehr aufgeregt und es bereut, Hagar zur Ersatzmutter auserkoren zu haben. Als sie reumütig zurückkehrte, nahm ich sie richtig hart ran. Diesen ganzen Ärger hätte ich mir wahrlich ersparen können.

Wie denn?

Sara: Indem ich Geduld geübt hätte - eine Tugend, die mir leider nicht in die Wiege gelegt worden ist.

Geduld? Ich finde es ganz natürlich, dass Sie mit 66 Jahren dachten, Sie würden nie mehr schwanger werden.

Sara: Sag niemals nie! Sollte Gott etwas unmöglich sein?

Offensichtlich nicht. Denn 14 Jahre später wurden Sie tatsächlich schwanger.

Sara: In der Tat. Zunächst konnten wir es gar nicht glauben. Aber mein Bauch wölbte sich immer mehr. Die Schwangerschaft war ein Jungbrunnen für mich. So als ob ich endlich ans Ziel gekommen wäre.

Jedenfalls hat diese Erfahrung Sie nicht freundlicher gegenüber Hagar gestimmt. Statt nun gereift und großmütig mit ihr umzugehen, haben Sie sie endgültig in die Wüste geschickt.

Sara: Ich bitte Sie! Schließlich war Ismael, ihr Sohn, der Erstgeborene und hätte das Erbe meines Mannes einstreichen können! Dass ich das verhindern wollte, sollte Ihnen einsichtig sein. Mein Sohn Isaak war rechtmäßiger Erbe!

Für Ihre Sache gehen Sie über Leichen.

Sara: Jeder sorge für seine Nächsten wie für sich selbst...

Aber nicht fair. Der Mohr - ich meine: die ägyptische Magd - hat seine Schuldigkeit getan, also schicke ich ihn in die Wüste.

Sara: Hagar hätte alles haben können - wenn sie sich den Gegebenheiten entsprechend verhalten hätte.

Ich werde den Verdacht nicht los, dass von Ihrer Seite aus Eifersucht mitspielt.

Sara: Auf diese kleine Schlampe? Ach was. Fragen Sie doch meinen Mann, der wird Ihnen bestätigen, dass er keine Gefühle für sie empfand!

Gute Idee. Das werde ich tun. Nächste Woche.

ZUR PERSON

SARA: Mit ihrem Halbbruder und späteren Ehemann Abraham war Sara (hebr.: Fürstin) aus dem Lande Ur nach Kanaan gezogen. Weil sie kinderlos blieb, schickte sie Abraham zu der ägyptischen Magd Hagar, die ihm den Sohn Ismael schenkte. In hohem Alter wurde Sara wider Erwarten doch noch schwanger und gebar Isaak. Um dessen Erbe zu sichern, überzeugte sie Abraham davon, Hagar und Ismael davonzujagen. Sara starb im Alter von 127 Jahren und gilt als Stammmutter des jüdischen Volkes.

Interviewer: Uwe Birnstein
QUELLEN: 1.  Mose 16-23



Dígame, Sara

...eso de mandar al propio marido a la cama de una sirvienta… en realidad requiere de buen pedazo de madurez. ¡Usted misma lo llevó a su marido a cometer adulterio!

Sara: No me venga con su moralina cristiana monógama. No se trataba simplemente de satisfacer deseos sexuales, sino de responder a los sueños de fertilidad - ¡No se trata de lujuria, sino de procreación! Abrahán debía tener descendientes. Y dado que yo no se los podía dar, esa era la única posibilidad.

Eso suena… ¿cómo decirlo? ... más bien desapasionado. ¿No cree que su esposo Abrahán pasó con ella una noche más bien fogosa? De hecho Agar era bastante menor que usted...

Sara: ¿Qué se cree? Abrahán me amó a mí y ¡sólo a mí! ¡Nada ni nadie pudieron meterse entre nosotros para separarnos!

 Sin embargo, su sirvienta Agar lo intentó, después de que su marido la dejó embarazada.

Sara: Ese fue su error. Pagó por ello. Esta muchacha confundió algunas cosas. Sólo porque estuviera muy cerca de Abrahán por un breve tiempo, se permitió cosas conmigo que no fueron correctas. Le debía mostrar, quién era la dueña acá.

 Antes de que llegara a ese punto, ella huyó al desierto.

Sara: Eso me exasperó aún más. ¡En definitiva, estaba llevando el hijo de mi marido en su vientre! Una persona irresponsable. Me puse muy nerviosa y me arrepentí de haber elegido a Agar como madre sustituta. Cuando volvió arrepentida, la traté muy duro. Ciertamente me hubiera podido ahorrar todo ese disgusto.

¿De qué manera?

Sara: Si hubiese tenido paciencia… una virtud que lamentablemente nunca me caracterizó.

¿Paciencia? Yo creo que fue muy normal que usted, con sus 66 años, pensó que no se embarazaría nunca más.

Sara: ¡Nunca digas nunca! ¿Hay algo imposible para Dios?

Está a la vista que no. Porque de hecho usted se embarazó 14 años más tarde.

Sara: Así es. Al principio no lo podíamos creer. Pero mi panza crecía cada vez más. El embarazo fue como una fuente de juventud para mí. Como si por fin hubiera llegado a la meta.

De todos modos, esta experiencia no la ha vuelto más amable con Agar. En lugar de tratarla ahora con más madurez y generosidad, la mandó definitivamente al desierto.

Sara: ¡Por favor! Al final de cuentas, Ismael, su hijo, era el primogénito y hubiera podido quedarse con la herencia de mi marido. Debiera entender que tuve que evitar eso. ¡Mi hijo era el heredero legítimo!

Para cumplir con la causa usted no se detiene ante nada.

Sara: Que cada cual se ocupe de su prójimo como de sí mismo...

Pero no es justo. El chivo –me refiero a la sirvienta egipcia– ya había cumplido con su cometido, así que lo mandó al desierto.

Sara: Agar hubiera podido tener de todo – si se hubiera portado acorde a las circunstancias.

No puedo evitar la sospecha de que de parte suya los celos también jugaron un papel importante.

Sara: ¿De esa zorrita? De ninguna manera. Pregúntele a mi marido. ¡El le confirmará que no sentía nada por ella!

Buena idea. Eso haré. Próximamente.

DATOS PERSONALES

SARA: Con su primo y más tarde marido Abrahán, Sara (en hebreo: princesa) se trasladó desde las tierras de Ur hasta Canaán. Dado que no había podido tener hijos, le dio a Abrahán la sirvienta egipcia Agar, que le dio su hijo Ismael. A edad avanzada, Sara se embaraza en contra de toda lógica, y da a luz a Isaac. Para asegurarle la herencia lo convence a Abrahán de echar a Agar y a Ismael. Sara murió a la edad de 127 años y es considerada la madre originaria del pueblo judío.

Encuestador: Uwe Birnstein
Traducción: Ruth Schwittay
FUENTES: Génesis 16-23





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